Un amor entre galaxias

por Katya Montalvo

La familia Cascarrabias era una pareja feliz y normal hasta que llegó Lisardo a sus vidas.

Cuando la mamá de Lisardo se encontraba embarazada de él, una noche discutió con su marido y salió a caminar bajo la luz de la luna llena y ahí fue cuando la luna escogió a Lisardo para cumplir la misión de la luna en la tierra.

Ocho meses después llegó el nacimiento de Lisardo, los padres se sorprendieron ya que no se parecía a ellos, incluso el papá llegó a pensar que el niño no era hijo de él; pero al realizar las pruebas de ADN se dio cuenta de que sí era su hijo. Lisardo era un bebé hermoso, blanco, con cabello castaño y risos tan definidos que era imposible desenredarlos, pero lo más extraño es que sus ojos eran únicos, sus ojos eran plateados como el color de la luna, pues la luna veía la tierra desde los ojos de Lisardo.

Y así creció pero él no era un niño normal, poseía una inteligencia y fuerza sobrehumana, podía resolver cualquier situación en cuestión de segundos.

La luna no lo dejaba ni un momento solo y él obedecía todas sus órdenes. A ella no le importaba el bienestar de Lisardo, lo único que quería era poder arrancar los cerebros a los terrícolas para implantarlos a los lunáticos (hijos de la luna) ya que ellos no tenían cerebros, pues habían nacido de la relación que un día mantuvo la luna con Plutón.

Lo único que quería era vengarse de los terrícolas (hijos del sol) y hacerle pagar por el dolor que le había hecho pasar.

Así creció Lisardo, engañado y víctima de una “mujer ardida”, desquiciada y con mucha hambre de venganza.

Entró al colegio donde empezó a relacionarse con muchas personas, las que serían sus próximas víctimas; realmente odiaba a todos y no sabía por cuál empezar.

A pesar de que él podía hacer las cosas tan fácilmente, le molestaba que la maestra le encargara tareas y ejercicios, sentía que le quitaban tiempo para cumplir con su único objetivo y es ahí cuando por fin escogió a su primera víctima. En efecto, la víctima sería la maestra.

Pero él no sabía cómo encontrarla sola, no podía pedir asesorías ya que sus buenas calificaciones y trabajos perfectos no se lo permitían, realmente tenía que idear un buen plan para entregarle el primer cerebro terrícola.

Entonces la luna citó a Lisardo, para aclarar cómo llevarían a cabo todos sus planes y acordaron que viviera como un “chico normal” por algunos años para no levantar sospechas.

Cursó la primaria, secundaria y posteriormente llegó a la preparatoria hasta entonces había sido lo más normal posible.

El primer día de preparatoria se hicieron las presentaciones por parte de profesores y así empezó a conocer a sus compañeros: Andrés era el chico más popular de la escuela, rico, guapo, quien al parecer lo tenía todo; Lisardo era todo lo contrario un chico de clase media, callado, tranquilo, poco sociable pero eso sí el más guapo.

Todos querían ser amigos de Andrés por las cualidades que tenía y él se daba cuenta que la gente solo se acercaba por interés, por las fiestas, pero no tenía un amigo realmente.

Lisardo era frío y sin sentimientos por el hecho de ser controlado por la luna y no le prestaba importancia a la popularidad de Andrés y eso lo motivó a acercarse a Lisardo.

De cierta forma ninguno de los dos había tenido un amigo verdadero, Lisardo por ser controlado y Andrés por ser introvertido.

Un día a la salida del colegio Lisardo, como todos los días, iba caminando hacia su casa cuando un coche se detuvo y al bajar la ventanilla reconoció a Andrés.

Andrés: ¡Qué onda! Vamos a mi casa a ver unas pelis.

Lisardo: (desconcertado) Mmm no puedo, tengo que hacer tarea.

Andrés: vamos, es poca, sube (abriendo la puerta del auto) además con este calor te vas a rostizar.

Lisardo: (un poco más serio) Ya te dije que no puedo.

Andrés se ofendió nadie lo había rechazado anteriormente, siempre había personas que lo invitaban a salir y ahora este individuo se daba el lujo de rechazarlo.

Lisardo se fue a su casa y con la inteligencia sobrehumana que lo caracterizaba terminó la tarea en cuestión de segundos.

De repente se escuchó una voz…

Luna: ¿Qué estás haciendo? (con un tono imponente) ¿Por qué rechazaste la salida de Andrés? ¿No vez que él te va abrir las puertas a muchos lugares y así llevar a cabo nuestro plan?

Lisardo: discul…

Luna: ¡Cállate! Deja de hacer tonterías y concéntrate en lo que tienes que hacer.

Si había algo que Lisardo disfrutaba era hacer su tarea, aunque su misión en la tierra era otra completamente diferente, él amaba estudiar.

Más tarde sonó el teléfono, era Andrés buscando a Lisardo, pero esta vez no tuvo que rogarle tanto, fácilmente accedió y pidió permiso a sus padres para salir, los cuales se sorprendieron y alegraron ya que su hijo era tan solitario y se mantenía en casa haciendo tarea.

El chofer de Andrés pasó por Lisardo y lo llevó a la discoteca en donde lo estaba esperando su nuevo amigo.

Cuando entraron todos lo notaron, Lisardo atrajo las miradas porque su físico no estaba nada mal y con la popularidad, belleza, y riqueza de Andrés formaban un dúo espectacular.

Andrés: pide lo que quieras

Lisardo: lo que sea está bien

(Andrés ordena por ambos)

Andrés: y bien, ¿Qué chica te gusta? Te la presento, no va a haber una que te diga que no

Lisardo: no me gusta ninguna

Andrés: entonces ¿te gustan los hombres?

Lisardo: no me gusta nadie

Andrés: te falta socializar un poco... ¡Betzaida! (gritó)

Se acerca Betzaida, moviéndose con el ritmo del “punchis punchis”.

Betzaida: ¡Andrés! ¿Qué pasa corazón?

Andrés: mira preciosa, mi amigo Lisardo te quiere conocer

Betzaida: Uy qué guapo estás, ¿quieres bailar?

Lisardo: No

Betzaida: ah qué amargado está tu amiguito

Andrés: no seas tímido, baila con ella

Los guardias de Andrés levantaron a Lisardo para que bailara con Betzaida, que se movía de arriba a abajo sin parar.

Betzaida: ¿De donde vienes?

Lisardo: de aquí

Betzaida: ¿Por qué nunca te había visto?

Lisardo: no vengo a estos lugares

Betzaida: ¿Entonces cómo es que eres amigo de Andrés?

Lisardo: compañeros de salón

Cuando salieron del lugar, Lisardo no se veía nada contento.

Andrés: está guapa la chica ¿no?

Lisardo: nada que no haya visto

Andrés: (riendo) oye hermano no te estoy diciendo que te cases con ella, solo es para que pases un buen rato y ya luego la dejas.

De camino a casa Lisardo notó que iban en otra dirección a la de su casa, y preguntó

Lisardo: ¿a dónde vamos?

Andrés: a mi casa, ni te preocupes por tus padres que ya les avisé

Lisardo: (alterado) ¿Por qué tomas las decisiones por mí?

Andrés no le contestó nada, estaba convencido de que si lograba ganarse la confianza de Lisardo, podría encontrar en él un verdadero amigo.

El chofer abrió la puerta del auto, habían llegado a casa, los perros corrieron ladrando a lamer a su dueño quien los abrazó y acarició mientras Lisardo miraba fríamente.

Entraron a la casa, y como de costumbre los padres de Andrés no estaban, siempre ocupados en sus negocios viajando por todo el mundo, el lugar era tan grande que producía eco, habían llegado al “hogar” de Andrés.

Se sentaron a la mesa donde un delicioso buffet había sido preparado para recibir al invitado, decenas de sillas vacías , solo dos lugares ocupados y Andrés con una sonrisa en el rostro.

Empezaron a conversar, Lisardo contó que su vida era demasiado monótona, escuela, tareas, casa, nunca había querido ni intentado socializar y tampoco alguien se había acercado antes a él. Andrés por el contrario le platicó que a pesar de que sus días estaban llenos de gente, al terminar y llegar la noche estaba solo.

Por primera vez en la vida, ambos jóvenes conversaban con alguien sincero y franco que les inspiraba confianza. Ya no se percibía esa frialdad de Lisardo, ya no había más indiferencia, ahora había empezado a sentir.

De pronto se escuchó el sonar de los tacones acercándose cada vez más.

Andrés: ya llegó la insecta

Karenina: ¡Cállate! ¿quién es tu acompañante? ¿No me lo presentas?

Andrés: Ella es mi testaruda hermana

Lisardo, estaba de espaldas y cuando giró la cabeza vio a la mujer más hermosa que sus ojos habían visto. Una chica baja de estatura, muy delgada, tez morena clara, cabello negro, liso y largo, tan largo que estaba por abajo que su cintura, sus pestañas gruesas y negras como su larga cabellera.

Lisardo no tuvo tiempo de contestarle a Andrés, inmediatamente se paró y besó la mejilla de la chica, como señal de respeto.

—Mucho gusto señorita— dijo.

—Igualmente, soy Karenina.

—Yo Lisardo.

—Pareces un chico educado, no sé por qué estás con el insecto de mi hermano.

A lo que Andrés respondió:

—Ignórala, así es ella de simpática, vamos a mi cuarto.

Lisardo y Andrés suben por las escaleras, mientras que Karenina los observaba él voltea disimuladamente a verla, ella se da cuenta y sonríe.

Karenina pensaba: ¡Wow! Qué chico tan guapo, nunca había visto a alguien con los ojos de ese color. Debe ser de otro continente o algo así.

Y no estaba tan equivocada él no era de otro continente, pero se podría decir que era de otro planeta.

Sin embargo nadie conocía su secreto. Ella estaba dispuesta a todo con tal de ser su novia.

Los chicos jugaron videojuegos hasta quedarse dormidos.

A la mañana siguiente, se escucha el toc toc de las puertas, era la empleada doméstica que venía a levantarlos, se les había hecho tarde.

Los jóvenes rápidamente se vistieron, tomaron un lonche y se subieron al auto.

De camino al colegio conversaron:

—¿Tu hermana en que escuela va?

—En la nuestra

—Entonces, ¿por qué no se va con nosotros? Nunca la había visto

—Ella tiene su chofer, además no nos llevamos bien.

Llegaron al colegio y al igual que en la disco, todas las miradas fueron para ellos, hasta parecía hacerse una valla de estudiantes para que pasaran.

Todos los hipócritas estaban atrás de Andrés, queriendo conocer a su nuevo amigo.

Al terminar las clases Lisardo se despidió de su amigo y se dispuso a ir a su casa.

Cuando llegó sus padres corrieron a preguntarle cómo le había ido, pero como él era un hombre de pocas palabras, fue breve y se dirigió a su recámara.

Como era de costumbre sacó sus libros y se dispuso a hacer la tarea, cuando en uno de los libros encontró un número de teléfono con un pequeño mensaje “espero tu llamada, Karenina”.

Lisardo sintió algo extraño, sonrió y su corazón se aceleró.

—¿Qué me está pasando?— pensó —¿por qué estoy sonriendo?

Empezaba a experimentar una sensación que su cuerpo no había sentido antes, dejó tirados los libros y salió corriendo.

—Hijo ¿a dónde vas?— preguntó la mamá

—Tengo que comprar un celular

Lisardo corrió a la primera tienda de telefonía celular, no se detuvo a ver modelos y compró el primero que vio.

Sus manos estaban sudando y tembloroso sacaba el papel de la bolsa de su pantalón. Marcó el número y se escuchó el timbre, se le hacía eterno esperar y ella no contestaba, cuando de repente…

—¿Bueno?

Pero Lisardo se quedó sonriendo en el teléfono, sin contestar.

—¿Buenooo? ¡Hola! ¡Holaaaaa! ¿hay alguien ahí?

—Hola

—¿Quién habla?

—Lisardo, espero no molestarte

—(Con una voz sonriente) ¡eres tú! Pensé que no llamarías, oye (se apresuró a hablar) ¿dónde estás?

Él se quedó callado, pensando —¿qué le digo?, ni modo que le diga que vine a comprar un celular para llamarle—

—¡Lisardooo!

—En la plaza comercial

—¡Perfecto! Espérame ahí, en cinco minutos llego.

Y colgó. Karenina corrió a bañarse y arreglarse, se maquilló, se cambio mil veces, se peinó rápidamente su larga y hermosa cabellera, y dos horas después llegó al centro comercial.

Lisardo se encontraba en la entrada, pensando –dijo que venía en cinco minutos, ¿por qué no ha llegado?— y miraba su reloj.

Él nunca había salido con una chica, no sabía el significado de cinco minutos para una mujer.

De repente un auto se para frente a él, se abre la puerta y baja Karenina. Sonriendo y meneando su cabello de un lado a otro, se veía hermosa y Lisardo no podía dejar de verla. Karenina rompió el silencio y dijo:

—Espero no te hayas aburrido

—No te preocupes ¿quieres ir a tomar algo?

—Un café estaría bien.

Subieron por el elevador cuando de pronto un apagón, se puso oscuro y el elevador dejó de avanzar.

Karenina tenía miedo, así que abrazó a Lisardo. Él no sabía qué hacer, se encontraba encerrado en el elevador, con la chica que le gustaba, pero era la hermana de su único amigo.

La luna al ver esa escena se enojó y después de unos segundos encerrados en el elevador los jóvenes se desmayaron, aprovechando así la luna para raptar a Lisardo.

Al despertar Lisardo se encontró en la superficie lunar, donde los lunáticos no dejaban de golpearlo por haberse desconcentrado de su objetivo.

Luna: ¿En qué estabas pensando? No te di esa inteligencia y fuerza sobrehumana para que estuvieras de casanova. Tienes una misión y lo único que tienes que hacer es cumplirla y para que ya no haya más complicaciones me voy a deshacer de esa niñita.

Lisardo: ¡No por favor!, a ella no la toques. Yo soy el único culpable.

La luna no lo escuchó y ahí donde estaba Karenina desmayada y atrapada en el elevador, disponía a dejarla morir por falta de oxígeno y hambre.

Lisardo se encontraba desesperado, no podía dejar morir a la única persona que le importaba y como no sabía a quién recurrir, se lanzó sobre un meteorito que iba disparado más rápido que la velocidad de la luz, para dirigirse hacia el sol, él era el único que lo podía ayudar.

La luna estaba tan concentrada en deshacerse del estorbo de Karenina, que se olvidó de vigilar a Lisardo, mientras que él ya estaba con el sol.

—¡Señor Sol! ¡Por favor ayúdeme!

—y tú ¿quién eres?

—Vivo en la tierra, la luna me escogió para extraer los cerebros de los terrícolas y dárselos a los lunáticos, pero yo me enamoré, y ahora ella quiere deshacerse de la chica que quiero. Señor, si quiere castígueme, máteme pero a ella sálvela por favor.

—Hijo no te preocupes yo te voy a ayudar. La luna es mala tuvimos una relación hace tiempo, pero me enamoré de la tierra y así nacieron nuestros hijos los terrícolas, por eso la luna me odia, hizo que perdiera a la tierra, le dijo que los lunáticos eran mis hijos y no es cierto, son hijos de Plutón por eso fue desterrado de mi galaxia, y desde aquel tiempo vivo sufriendo por aquel amor .

El Sol se dirigió a la luna y envió a Lisardo a salvar a Karenina.

Sol: ¡Luna! ¿qué estas haciendo? ¿Por qué quieres lastimar a mis hijos?

Luna: ¿cómo lo supiste? Ese Lisardo va morir cuando lo atrape.

Sol: ¡tú no vas a lastimar a nadie!

Luna: vas a pagar por lo que me hiciste, cueste lo que cueste.

Sol: ¿yo qué te hice? Tú fuiste la que me engañó con Plutón, y cuando yo había encontrado una buena mujer que me amaba y me dio hijos la destruiste y ahora también quieres lastimar a mis hijos ¿qué te pasa? Estoy cansado de ti, pero ahora sí voy a poner fin a esto. Nunca más tendrás luz propia, dependerás de mí para poder dar luz a los planetas y tus hijos serán desterrados al abismo junto con su padre.

Mientras en la tierra, Lisardo entró a salvar a Karenina, la llevó cargando en sus brazos, hasta llegar a un hospital para asegurarse de que estuviera bien, ahí llamó a Andrés para que la cuidara y antes de que despertara, Lisardo se fue a hablar con la tierra, le explicó que los hijos de la Luna no era del sol y que el sol realmente la amaba.

Después volvió al hospital donde Andrés le agradeció por haber cuidado de su hermana. Lisardo abrazó a Karenina y en ese momento sus ojos se pusieron azules, tan claros como el cielo; la tormenta había terminado. El sol y la tierra se reconciliaron y le concedieron a Lisardo ser un chico normal.

Es así como el chico controlado por la luna unió de nuevo a su madre con su padre y nos demostró que no importan las fuerzas sobrehumanas, cuando el hombre se enamora no hay fuerza que no pueda vencer.

El sol y la tierra vivieron felices cuidando de sus hijos, Lisardo y Andrés siguieron siendo amigos y Karenina la mujer que hizo que Lisardo se enamorara, vivió feliz con él por el resto de sus días.