Ilusión

por Moisés Córdova

Eran las tres de la tarde y el vuelo de Sofía estaba próximo a salir, lágrimas en sus ojos reflejaban aquella tristeza inconsolable que solamente la muerte podría apagar. —Pasajeros con destino a Montreal favor de abordar el vuelo 1601— después de escuchar esto aquella joven tomó sus maletas para partir. — Señorita, se le cayó su pasaporte—dijo un apuesto muchacho. Ella difícilmente pudo sacar media sonrisa para agradecer aquel acto de amabilidad pero sus ideas seguían congeladas pensando en el pasado y en lo que podría suceder, si ella no partía en ese momento de aquella ciudad que tanto amaba: Barcelona, España. Finalmente llegó al avión que ya tenía la mitad de los asientos ocupados; después de unos cuantos minutos encontró el asiento con el número 12, justamente el que tenía su pase de abordar; cuando estaba a punto de abrocharse el cinturón se acercó una sobrecargo para pedirle que abandonara su asiento. —Disculpe, no queremos molestarla pero hubo una confusión en el sistema y le tenemos que reasignar su lugar, pero no se preocupe tenemos un asiento en primera clase—. Sofía no tenía humor para discutir y simplemente tomó su bolsa y se dirigió hacia su nuevo lugar, acomodó sus cosas y con un poco de inseguridad se colocó en el asiento. Sonó la alerta de abrocharse los cinturones mientras el avión se aproximaba a la pista de despeje; y sin que hubiera movimientos bruscos, luego de dos minutos, la distancia entre el suelo y el avión era cada vez más extensa. —A partir de ahora queda permitido el uso de aparatos electrónicos y puede desabrocharse el cinturón de seguridad— al terminar el anuncio, Sofía estuvo más segura, pero las lágrimas seguían corriendo, de pronto observó un pañuelo enfrente de su cara y siguiendo la silueta del brazo hasta la cara de la otra persona, se dio cuenta que era el mismo joven que había sido amable con ella en el aeropuerto y con un poco de timidez dijo: gracias. El muchacho amablemente sonrió y continuó leyendo una revista científica; de pronto sintió la necesidad de hablarle a la chica que estaba a su lado pero pensaba que sería muy molestoso de su parte, pero se le ocurrió preguntarle qué era lo que le afligía y decidió así probablemente comenzar una conversación, algo le había llamado mucho la atención y sentía que no podía dejarlo pasar. Entonces dijo: disculpa, ¿te sientes bien?, perdón, déjame presentarme— soy Santiago; de pronto pensó que lo único que estaba logrando era fastidiar a la hermosa señorita; en un instante logró escuchar respuesta —soy Sofía, mucho gusto— en ese momento Santiago se sintió más tranquilo y guardó la revista dentro de una mochila que traía. Pero para su sorpresa Sofía solamente respondió —Estoy bien, gracias—y se reclinó en una almohadilla dando a entender que lo único que quería hacer era descansar. Las horas de vuelo pasaban y simplemente ya no hubo ni siquiera un roce de miradas entre aquellos dos jóvenes. Mientras todo esto pasaba, un hombre de edad ya avanzada observaba las acciones de Santiago y se daba cuenta de su desesperación, pero notaba también que Sofía estaba inundada por la aflicción; y trató de animar al joven, era momento de contarle la historia de su vida. ¡Joven, joven!— dijo aquel viejo— Santiago giró la cabeza para buscar de dónde venía esa voz, que aunque sonaba desesperada mantenía un volumen bajo, se dio cuenta que un hombre lleno de canas de un color blanco muy puro era el que buscaba su atención. La misma desesperación hizo que respondiera con un fuerte ¡mande!, varias personas voltearon rápidamente a verlo y él se sintió muy apenado pero seguía con la mirada fija en el hombre que le había llamado, le pareció muy extraño que un hombre completamente desconocido le hablara, pero pensó que quizás le diría algo interesante, así que abrió su mente y se dispuso a escuchar lo que le diría el anciano. —Hijo, creo que estás desesperado, creo saber qué es lo que tienes y tengo algo para contarte, ¿quieres tomar un café cuando lleguemos a nuestro destino para poder hablar?— Mientras decía esto, no dejaba de recordar las imágenes de su pasado y se lamentaba de lo que había ocurrido. Santiago pensó que aquel hombre sería una fuente de experiencia que quizás debía de tomar en cuenta así que aceptó la invitación.

Llegó la hora de bajar del avión y los dos hombres con una diferencia de edad muy notable bajaron uno tras otro, el mayor con un maletín y el joven con una mochila. Llegaron a uno de los restaurantes pequeños que había en el aeropuerto y se sentaron en una mesa chica con bancos altos; el peso de la edad dificultó un poco que se pudiera sentar aquel viejo, finalmente lo logró. Se acercó una mesera que dejó la carta de las comidas en medio de la mesa y se retiró. En ese momento se escucharon unos tacones venir por el pasillo y los dos hombres voltearon pero Santiago rápidamente reconoció el rostro de Sofía y fijó su vista en aquella silueta tan pura y linda que marcaba a la joven. Ella alzó la mirada y vio a Santiago, recordando su amabilidad sonrió pero continuó en su camino. El viejo notó aún más las expresiones de Santiago y tiró una carcajada. El joven movió la cabeza lamentándose de su historia. Llamaron a la señorita que atendía en el restaurante y ordenaron un café con un panecillo cada uno —que mi café esté bien cargado— dijo Santiago. Entonces la plática empezó, —mira muchacho quiero contarte mi historia, fue mucho tiempo atrás pero pienso que te servirá de algo o simplemente reflexionarás en ella— dijo el viejo; Santiago afirmó con un rotundo ¡sí! pensando en que en aquella historia encontraría la solución para conocer a Sofía pero pensaba que ella se alejaba cada segundo un poco más y el solamente sabía su nombre, ni siquiera su apellido. Entonces el viejo comenzó a hablar: Mira, este, ¿cuál es tu nombre? —Santiago, señor— bueno Santiago como te había dicho hace muchos años pasé por momentos que jamás voy a olvidar, cuando era joven y vivía la vida desenfrenadamente, en realidad nada me importaba, jamás pensaba en lo que podría pasar cuando hacía las cosas; me encantaba jugar con las chicas y que ellas quedaran desilusionadas, en serio lo disfrutaba —Santiago comenzaba a pensar que la edad en el señor lo hacía decir locuras— ¡Hijo! Lo que te digo es real pero aquí va la parte interesante, cuando terminé la preparatoria mis padres me regalaron un viaje con mis amigos, siempre había tenido el sueño de ir a París y conocer muchas mujeres así que ese fue nuestro lugar de destino. Cuando llegamos a París estábamos desesperados por conocer chicas y esperábamos también con ansias que la noche llegara para salir a conocer la ciudad, no pasó mucho tiempo y nuestro reloj marcaba las nueve de la noche así que emprendimos nuestro camino hacia las calles en las que hubiera más gente, ahí nuestra diversión estaba garantizada. Después de tomar un transporte, llegamos en cinco minutos. Había un restaurante justo en la esquina de la primera calle donde estábamos que aunque no tenía una fachada tan moderna y nueva, tenía mucha gente esperando por entrar y pensamos que sería un bueno lugar para socializar; me acuerdo perfectamente del nombre se llamaba “nourriture, l'amour et le vin”, ahorita sabrás por qué me aprendí el nombre; bueno, entramos y vi directamente al fondo de la barra donde servían los licores y vi a una hermosa mujer, en realidad no tenía la más mínima idea de dónde era pero se veía que era extranjera en su color de piel y en sus rasgos físicos, tenía un tono de piel perfecto; después de agarrar valor caminé hacia donde se encontraba, pensé que no sería tan fácil conquistar a una mujer en la posición en la que ella estaba, pero lo peor que podría pasar era que no me hiciera caso y ya lo había experimentado antes; cuando llegué le pedí algo de tomar y me le quedé viendo fijamente esperando una respuesta, ella solamente me ignoró y rápidamente me dio lo que había pedido, antes de que se retirará le hablé y le dije: Hola, ¿Cómo te llamas?, no supe cómo le parecí pero ella dijo con una voz suave pero ruda y en tono burlón: ¿En realidad crees que te voy contestar?, por dentro me sentía muy nervioso pero sabía que tenía que hablarle de una manera firme; aún con todos los nervios pude decir sí. Al parecer nadie había estado tan seguro frente a ella antes, hizo un gesto que me dio mucha confianza, tristemente ya no dije nada y ella se fue, pero algo me decía que iba a regresar —¿Y regresó?—dijo Santiago; sí regresó pero me dijo que si quería verla tenía que esperar a que se fueran todos los clientes, aunque era un gran rato pensé que valdría la pena. En ese momento Santiago notó que algo malo había pasado, veía cómo poco a poco cambiaba la expresión en el rostro del hombre mayor, después de un rato el hombre confesó que todo lo que había dicho era mentira pero necesitaba que Santiago se sintiera motivado. El joven sintió más coraje que nunca en su vida y decidió marcharse. No encontraba las razones para explicar sus continuos fracasos y desilusiones, sin embargo confiaba en las palabras que alguna vez escuchó de su padre: “El amor no se tiene que convertir en parte de tu historia, simplemente es parte de tu destino”. Se preguntaba acerca de cuál sería el amor verdadero y cómo distinguirlo de las simples atracciones. —¡Santiago, Santiago!— una dulce voz se oyó, era Sofía. Santiago miró aquel rostro que no pensaba olvidar y las miradas de los dos jóvenes se cruzaron, parecía que ambos sentían una atracción. Fue como si en ese momento un imán los juntara, tan cerca que Sofía pudo distinguir aquel aroma tan agradable en Santiago. A unos cuantos metros de distancia estaba un pequeño parque y los pasos de aquellos jóvenes parecían tener una guía que los llevaría a estar juntos desde ese momento.

Después de que Santiago y Sofía se sentaron en una banca del parque, ella dijo: cuando abandoné el aeropuerto no pude dejar de pensar en lo amable que habías sido conmigo, mira, si me porté un poco indiferente es porque hay una gran aflicción en mí, es esa misma la que me trajo hasta Montreal, quiero olvidar todo por lo que pasé. Luego de la última palabra los ojos de Sofía se inundaron de lágrimas y no pudo evitar el llanto. —No sé si tu historia y mi historia tengan algo en común— dijo Santiago, luego continuó —en toda mi vida jamás he podido ser feliz en cosas relacionadas con el amor, no sé si soy muy malo para llevar ese tipo de relaciones o es que en realidad no ha llegado la persona indicada; Sofía interrumpió con un tono de voz quebrado —cuando terminé mi última relación me di cuenta que eso del amor verdadero y la persona indicada pueden ser simplemente un ingrediente dentro de las historias irreales; porque aquí, en el mundo real, eso está dejando de existir. —Te voy a decir la verdad, simplemente con verte durante el vuelo siento una atracción por ti, no puedo decir que te amo porque en realidad no te conozco, solamente sé tu nombre y deduje que eras española, pero no creo que sean datos suficientes —expresó Santiago—. —En realidad me sorprendes Santiago, eres muy directo, pero es imposible que con este corazón tan lastimado que tengo pueda darte un espacio— luego respondió Santiago: No Sofía, por favor no me digas eso yo te puedo ayudar, no te estoy pidiendo convertirme en parte de tu corazón, simplemente déjame conocerte más y demostrarte lo que siento pero poco a poco. Parecía que Sofía comenzaba a cambiar de idea porque una pequeña sonrisa se asomaba, pero quitando un poco la sonrisa dijo: ya me tengo que ir, el hotel en el que me voy a quedar por un tiempo me pide que me registre exactamente en 20 minutos y no estoy segura si voy a llegar tan rápido. —Bueno— dijo Santiago. Sofía lo miró de nuevo y le dijo: si quieres y puedes acompáñame al hotel y después de que me registre podemos salir. Santiago aceptó encantado; juntos tomaron el primer taxi que pasó por donde estaban y salieron en camino al hotel de Sofía. A cada momento se sentía la atracción que los dos tenían; pero no hablaban. Sofía inclinó un poco su cuerpo hacia adelante para agarrar algo de su bolsa, de pronto se escuchó el claxon de otro carro, Santiago levantó la vista y el automóvil se aproximaba hacia el lado en el que venía Sofía, él trató de reaccionar pero fue imposible, un fuerte golpe los empujó hacia el lado contrario del carro; en ese momento Santiago alcanzó a sostener a Sofía, sentía golpes por todas partes pero había alguien que le importaba más y que en ese momento estaba desesperado por salvar; terminó el movimiento del accidente y la gente se acercaba para ayudar. La voz de Sofía se escuchó: no me olvides. Santiago apenas pudo ver como los ojos de aquella joven que había cautivado su corazón dejaron de moverse. Un grito tan profundo pero tan débil salió desde Santiago —¡No!— quizá la vida nunca le dejaría ver el amor, pero este era el momento más triste y frustrante de su vida, cuando todo parecía estar resuelto ocurrió ese accidente; nunca se supo el motivo de la muerte de Santiago al día siguiente, algunos dijeron que fue por el dolor en su corazón.