La promesa

por Sebastián Márquez

“Tú me preguntabas cuánto te quería yo, te quiero siempre amor”.

Y la gran promesa era estar siempre a su lado…

Los cambios llegaban nuevamente para Franco, una mudanza más era casi insoportable. Volver a empezar, conseguir nuevamente amigos, conocer a los profesores, nuevos compañeros de aventura y diversión parecía imposible, era tan fácil para muchos pero no para Franco ya que la timidez era su principal compañía, pero ese momento no se podían evitar, era parte de la vida. En la junta familiar todo estaba decidido Franco se tenía que ir a un internado, no procesaba la idea de llegar, sin amigos, sin papá y mamá y el punto más importante: lejos de casa. El día llegó con maletas en mano y la última mirada a la que aún era su casa. Partió con lágrimas rodando por sus mejillas, camino al internado miles de cosas pasaban por su mente, ¿cómo será?, ¿me gustará?, ¿las personas serán amables? Pregunta tras pregunta se formulaban en su mente pero nunca se preguntó si llegaría a encontrar a la persona indicada, a esa persona que le haría experimentar alegría, tristeza, nostalgia, amor y demás en un minuto, en otras palabras, nunca se preguntó si encontraría a su media naranja.

El viaje se hizo corto hasta el internado le gustó la primera impresión: gente amable, divertida y ambiente agradable. Ahora llegaba uno de los momentos difíciles, despedirse y empezar, todo de nuevo, sin sus padres todo parecía difícil pero era un nuevo reto que decidió afrontar. Llegaba el primer día de clases con su filosofía de vida en mente: “Todo saldrá bien, hoy te toca ser feliz”. Todo parecía normal, presentaciones de clases, honores a la bandera, inducciones y demás. Pasaba sus días solo, caminaba pensando en cómo estaría si estuviera en casa, formulaba planes para escapar, pero recapacitaba y veía que eran intentos inútiles. No quedaba de otra que pasar cada día de la mejor manera, sin pensar cosas malas y negativas y así fue. Un día mientras hacía una de sus acostumbradas caminatas en el campus vio a una señorita alta, morena y de hermoso parecer. ¡Su nombre!, tenía que saber su nombre no creía mucho en esas cosas del amor a primera vista pero en este caso empezaba a volverse crédulo. Los días se empezaban a volver más agradables en todos los sentidos, hasta la comida se volvía mejor, era el efecto del amor. Venía un paso desafiante que era charlar con aquella muchacha, a pesar de que llevaban los mismos horarios para él era muy difícil hasta pedirle un bolígrafo pero el día tenía que llegar, y efectivamente llegó, pensaba en ese momento todo el día, ¿cómo sería?, ¿qué le diría?, ¿cómo tendría que llegar? Y su última decisión fue dejar que las palabras fluyeran. Entrando al salón la vio sentada y lágrimas salían de sus ojos ¿Era el momento adecuado? No pudo decir mucho, pero palabras salieron de su boca y fueron: “Deja de llorar tus lágrimas te van a ahogar, si la vida te pisa desenvaina una sonrisa y vuélvete a levantar”, la bella joven levantó su rostro y con una sonrisa le agradeció, una sola frase fue el comienzo de una inmensa historia, el tiempo pasó y la relación entre ellos empezó a crecer, el miedo se había ido, tareas, proyectos, actividades de clase todo lo hacían juntos. Compartían gustos, música, comida, deportes, películas, todo marchaba bien pero el amor que sentía por ella crecía y crecía pero para Kate solo era la clásica relación de buenos amigos, pensaba positivamente. “por algo se empieza” y eso le daba fortaleza, su historia seguía escribiéndose, ella siempre le preguntaba cuánto la quería y él con una sonrisa siempre respondía. El tiempo transcurría y seguía creciendo, pero algo paso, algo que para Franco no era lo mejor ella se había enamorado de alguien más; sentía que el mundo se le venía encima, tenía que hacer todo lo que estuviera en sus manos y conseguir lo que no estuviera para tratar de conquistarla, ya había perdido tiempo y ella ya estaba con otro. Decidió esperar y al ver que la relación de ella no funcionaba y que de la noche a la mañana terminó, pensó que era su oportunidad. Un día mientras caminaba decepcionada por la situación que acababa de pasar dijo:

—Se siente horrible, con ganas de no volver a verlo, encontrar a otro que se enamore primero de mí y enamorarme de él.

A lo que Franco respondió:

—Siempre lo has tenido a tu lado y nunca lo has querido ver

La cara de Kate era de sorpresa, lo tenía cerca y no se había dado cuenta, la mayor atención, buenos momentos, experiencias inolvidables; qué tonta se sentía.

—¿Por qué nunca lo dijiste?

—Si me dejas mantendré viva la llama hasta que regreses, si preguntas seguiremos caminando y si condicionas te seguiré perdonando, pues siempre te he querido, siempre te he cuidado, por lo tanto siempre estaré a tu lado.

Comenzaba un nuevo capítulo en la vida de Franco, y se llamaba: “disfrutar del amor” algo que nunca había hecho; tenía miedo, nervios, alegría, emoción pero valía la pena experimentar todo eso, por estar con ella.

Algunas veces las cosas parecía que se complicaban pero siempre se resolvía con una charla y un beso, pero ante todo, con su promesa firme: “siempre estaré a tu lado”.

La graduación se acercaba y pensaba qué pasaría, pero en momentos prefería pensar en otra cosa que en eso y disfrutar al máximo los momentos con ella. El tiempo llegó y tenían que marchar, tomarían diferentes rumbos pero el amor no lograba separarlos. Llegaron a la misma universidad, las cosas mejoraban notablemente se veían como un reflejo de esfuerzo, todo marchaba bien, excepto por la familia de la joven, no querían a Franco, ni siquiera lo podían ver, siempre le aconsejaban a la joven que había muchachos mejores y ella contestaba con una sonrisa y con su repetida frase “él es lo mejor para mí” para ellos solo existía el uno para el otro, nada era impedimento para estar juntos, el tiempo corría con el viento y con ello los años, llegaron a ser buenos en sus carreras, logros, reconocimientos, entre muchas cosas más, la relación de vez en cuando parecía tropezar pero algo siempre la sostenía, ella preguntaba día con día cuánto la quería a lo que Franco siempre respondía con una sonrisa.

Cada amanecer era una hoja en la cual escribía una nueva página en el gran libro de su vida y lo mejor de eso era que ahora escribía los capítulos con ella.

Los intentos por separarlos seguían por parte de la familia de Kate, pero la relación se hacía fuerte, ante todo seguirían luchando; las épocas de graduación llegaron. Cinco años se habían ido demasiado rápido y la propuesta de matrimonio no podía esperar. Aunque la familia no lo aceptara se casarían.

Siete meses después de la graduación se casaron, encontraron buenas ofertas de trabajo, un departamento cómodo y un bonito cachorro, la historia se seguía escribiendo y ahora empezaba el capítulo del matrimonio, las rutinas comenzaban pero eso no le impedía seguir siendo detallista con su ahora esposa, una llamada inesperada, desayunos en la cama, una rosa en su portafolio, y muchas cosas más eran los detalles por los cuales ella encontraba un motivo para enamorarse diariamente.

Cierta noche lluviosa Franco estaba en casa preparando algo para la cena y una llamada de Kate entró en su móvil.

—Cariño ¿podrías venir por mí? Estoy en el trabajo y mi auto se descompuso.

Fueron las palabras que se escucharon. Tomando las llaves y la chaqueta salió a buscarla. Tráfico ligero, por lo tanto llegó relativamente rápido por ella. ¿Cómo estuvo tu día? Era la pregunta que iniciaba la conversación, comentaban los planes y estrategias de trabajo y de aquel añorado viaje al Cairo que tanto planeaban, pero nunca pasó por sus mentes que esa noche sería la última en que le preguntaría ¿Cómo estuvo tu día? En una curva el auto derrapó con aceite tirado sobre la carretera, Franco no pudo controlar el automóvil y se volcaron. A Ella la despertó el ruido de la cierra que intentaba cortar la puerta por donde pretendían sacarla, solo alcanzaba a ver las luces rojas y azules de las patrullas y ambulancias ella estaba ilesa pero Franco ¿dónde estaba?, sobre la ambulancia se veía una camilla y algunos paramédicos auxiliando al joven esposo, las condiciones de Franco no eran como las de Kate, lo trasladaron lo más rápido posible al hospital, las oportunidades de vida para Franco eran casi nulas pero lo sorprendente era que él solo pronunciaba una frase “Siempre estaré a tu lado”… los médicos hicieron pasar a Kate a la sala dónde se encontraba Franco, llorando lo abrazó y con las pocas fuerzas que quedaban inició la última conversación, Kate con gritos desgarradores exclamaba “Prometiste que siempre estarías a mi lado”.

El último capítulo del libro de su vida se empezaba a redactar

—Ahora que está todo en silencio, me despido de ti, ha llegado la hora de que continúes el camino sin mí.

Kate solo lloraba

—No llores cielo y vuélvete a enamorar, me gustaría que volvieras a sonreír.

Kate no comprendía que era la última charla que tenía con su amado esposo, con ese hombre por el que había luchado ¡no! no lo podía comprender

En ese momento su corazón se cansó de latir y con las últimas palabras se despidieron.

Franco le pidió a Kate la mano y la puso sobre su corazón que aún latía y le dijo:

—Ahora que ya no estaré junto a ti, te cuidare desde aquí.

Con eso se iba el último aliento de Franco, muriendo así en los brazos de Kate.

Ahora Kate vive cada día recordando a su amado y cada tarde se sienta en la mecedora donde solían sentarse, sintiéndolo siempre a su lado.