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Los engañé con el título, ¿no? Si la respuesta es sí, aquí les va mi explicación. Hemos sido entrenados para poner atención a determinado tipo de palabras. Culpable: la televisión. ¿Culpables todos los medios? No lo sé. Lo que sí sé, es que los medios han hecho un estupendo trabajo, logrando que la sociedad misma funcione como un enorme volante humano, ayudando a difundir aún más sus mensajes (con-su-mis-mo).

Tal vez ya hayan escuchado la teoría sobre lo malos que son los medios como la televisión, porque te quema el cerebro y te hace desear comprar todas esas cosas que realmente no necesitas. Es un hecho; la televisión todavía rige, afecta y manipula a buena parte del planeta. Lo interesante es que, aún sabiéndolo, no hacemos nada al respecto.

No sabemos o tenemos una razón apocalíptica para cambiar, nos es muy difícil y, el pretender que por no comer en Mc’Donalds, o no ver noticieros y leer libros de motivación personal, ya es esfuerzo suficiente y podemos considerarnos ecologistas, personas conscientes y por lo tanto: inteligentes, auténticos y en contra del sistema. Y aunque miles de personas, como la que acabo de describir, existiesen como un común denominador social, aún así, lo que el humano ha creado tiene como única opción el volver a los comienzos; donde un huerto, una gallina, una vaca, eran cuidados como parte importante de supervivencia, pues éstos lo alimentarían a él y a toda su familia.

Con tanta “provocación” social-mediática, la habilidad para hacerse entender se tornó en un asunto complicado, con códigos lingüísticos que parece se transforman dependiendo de muchas circunstancias y conveniencias.

Mucho bla bla bla y poca coherencia. Para el mismo significado de la palabra sencillez es casi imposible contar con una definición contundente. Pero qué tal si supiéramos el significado real e irrefutable de la palabra sencillez. Tendría que ser una definición muy correcta, aceptable y hasta con excepciones. El diccionario es el conjunto de significados lingüísticos que al parecer mutaron a una semántica confusa; una semántica donde lo que se dice, no es lo que se dice, sino cómo se dice, dónde se dice, quién lo dice, sin importar el por qué lo dice. Se nos está enseñando a usar las palabras para excusarnos inteligentemente de todo y de nada, entrando en un círculo vicioso del que todos decimos no ser parte.

Mi intención no es confundirlos, ni proponerles la solución universal a todo este relajo; yo sólo busco una manera para poder describirlo, expresarlo y, tal vez, con el paso del tiempo, comprenderlo y entonces sí hacer algo al respecto. A final de cuentas, cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.

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