Desde que el hombre cayó en pecado, la desgracia se manifiesta en todas las áreas de su vida, pero ¿es posible vivir de acuerdo a los principios que Dios nos ha presentado y tener victoria sobre el pecado?

En la persona de Jesús podemos ver claramente reflejado el amor de Dios por cada hijo de Adán, desde el principio Dios se ha interesado en el bienestar integral del hombre, aunque vivimos en un mundo de pecado y sufrimos las consecuencias de la desobediencia, podemos adorarlo y honrarlo.

Cuando el Patriarca Abraham fue llamado a salir de su tierra y de su parentela para ir a un lugar que no conocía mostró creer así a la palabra de Dios, el acto de salir demuestra fe, por lo cual es justificado delante de Dios.

De aquí podemos aprender que la justicia que Dios nos da, no es por mérito humano, es un regalo de Dios, esta justicia viene por la fe, es decir se acepta o recibe mediante la fe.

El problema de muchos de nosotros es que hemos mal interpretado el término justicia, para poder entenderlo primeramente necesitamos saber el porqué de la justicia.

Al ser una extensión de Adán, heredamos la naturaleza de nuestros primeros padres, los cuales desobedecieron a Dios al probar el fruto prohibido en el jardín del Edén y ahora el pecado es parte de nosotros.

Somos pecadores por naturaleza, las obras de la carne son evidencia de esta realidad que nos abarca en todas las edades y épocas. Necesitamos de un salvador que nos justifique ya que la paga el pecado es la muerte.

Cuando en la Biblia se nos habla de que el justo vivirá por la fe, se refiere a que únicamente en Cristo somos declarados justos o justificados, entiéndase que en este contexto Dios nos declara justos aunque no los somos.

Nuestra naturaleza sigue siendo pecaminosa, legalmente Dios está satisfaciendo la ley que demanda que el transgresor debe morir y por eso mismo Jesucristo es quien pagó nuestra maldad.

El hombre al reconocer su condición y acepta por fe lo que Cristo hizo en su encarnación, vida perfecta, sacrificio y ahora en el Santuario Celestial su intercesión, es lo que hace posible que sea justificado, esos méritos hacen posible que vivamos por fe.




En ese caminar con Dios vamos siendo transformados y vivimos en obediencia, como un testimonio de esa misma justificación, es decir no obedecemos para ser salvos, obedecemos guiados por el Espíritu Santo porque ya somos salvos. Es por ello que el Apóstol Pablo nos dice que el primer fruto de esta realidad, es la paz con Dios. Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1)

Autor: Uzziel Serna
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