La catástrofe de Notre Dame

May 16, 2019

Transcurrían las 18:50 hrs del día lunes 15 de abril en París, Francia, cuando uno de los sucesos más catastróficos para la historia del arte sucedería. Entre llamas terribles y cenizas se encuentra Notre Dame, catedral representante del alma gótica y católica de Francia. Sobreviviente también de dos Guerras Mundiales y múltiples conflictos bélicos en los que se vio amenazada, su valor se encuentra muy por encima de ideologías, nacionalidades y religiones, y ahora, en unas pocas horas, casi nueve siglos de historia de la humanidad quedaron reducidos a cenizas.

De las causas no se sabe mucho, sin embargo de los efectos sí, y es que a los pocos minutos de haberse iniciado el incendio (aparentemente por obras de mantenimiento) los cuerpos de seguridad tuvieron que desalojar a los casi 1.500 turistas que se encontraban en el interior en ese momento, de los cuales podemos decir que al menos no hubo ninguna pérdida humana. Seguido de esto, miles de franceses miraban desde la calle y lloraban al ver Notre Dame arder con un fuego imparable, muchos de ellos rotos en llanto, para posteriormente entonar juntos la Marsellesa y de esa manera despedir al monumento que dio historia y vida por tantos años a Francia. Pero no había mucho que hacer, el fuego era ya demasiado destructor y, aunque se quisieran ocupar naves aéreas para apagar el fuego, esto probablemente terminaría por destruir toda la estructura que pudiera salvarse del fuego.

Acerca de lo que se salvó y se perdió, podríamos iniciar mencionando que la primera gran pérdida de la catedral fue su aguja, que llevaba ahí desde 1860, y que alrededor de las 20:00 hrs del lunes cayó, dañando a su vez al inmenso órgano de tubos que se ubicaba justo abajo de esta. Otra pérdida lamentable fue el gallo de cobre que quedaba a un extremo de la aguja, el cual quedó completamente fundido por las llamas. Una parte de la bóveda se desplomó y gran parte del tejado y el techo interior (compuesto por preciosos vitrales y obras) quedó destruido.

Sin embargo, no todo fue perdida, y gracias a las intensas labores del cuerpo de bomberos y demás elementos de seguridad de Francia, muchos elementos del arte de valores incalculables pudieron salvarse. Ambas torres quedaron de pie, y aún cuando se quemó el impresionante techo y fachada, las estructuras originales se mantuvieron. La gran campana (de casi 13 toneladas) se salvó también, así como los tres rosetones de vitrales, construidos en el siglo XIII; otros elementos históricos como partes de la corona de espinas que llevó Jesucristo, partes de madera de la cruz en la que fue puesto y un clavo de la Pasión, fueron rescatados, y obras enigmáticas como La Piedad, las estatuas de los doce apóstoles y las escalofriantes gárgolas, también pudieron salvarse.

Acerca de lo que sucederá más adelante con Notre Dame hay muchas especulaciones y muchas afirmaciones, y la UNESCO junto con otros organismos internacionales han dejado en claro que no dejarán olvidada a esta catedral, además de declarar que darán el apoyo y recursos necesarios para su restauración que, aunque sabemos que no contendrá ya la misma cantidad de años en sus estructuras, podrá seguirse viendo reflejada el alma de Europa.

No cabe duda que, aún inmensas obras humanas como lo es Notre Dame, quedan realmente indefensas ante los afectos naturales como el fuego. Una catedral de gran valor pictórico, artístico, histórico y sentimental, que ahora busca ser rescatada y valorada aún en medio de la catástrofe. Posiblemente lo único que nos queda como personas es valorar el arte y aquello que nos da historia de lo que fuimos como naciones antes.

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