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Después de estudiar la doctrina del Santuario, quizá puedas pensar que es historia pasada, que esas órdenes sólo fueron dadas para un pueblo y tiempo en específico, o que ya las costumbres y los tiempos han cambiado. Y es que, en un mundo tan globalizado, con cientos de actividades por hacer y probar, Dios y su plan de redención es desplazado de la lista de prioridades y anhelos de las personas.
Después de estudiar la doctrina del Santuario, quizá puedas pensar que es historia pasada, que esas órdenes sólo fueron dadas para un pueblo y tiempo en específico, o que ya las costumbres y los tiempos han cambiado. Y es que, en un mundo tan globalizado, con cientos de actividades por hacer y probar, Dios y su plan de redención es desplazado de la lista de prioridades y anhelos de las personas. Quizá puedas percibir al santuario como un lugar en medio del desierto con muebles adentro, y tengas razón viéndolo desde el punto de vista físico, pero lo que simboliza va más allá de lo que creemos y logramos entender. La autora Elena G. de White, en su libro La Educación menciona que ““La correcta comprensión del ministerio del santuario celestial es el fundamento de nuestra fe.” En otro de sus libros, añade:
“El santuario en el cielo es el centro mismo de la obra de Cristo en favor de los hombres. Concierne a toda alma que vive en la tierra. Nos revela el plan de redención, nos conduce hasta el fin mismo del tiempo y anuncia el triunfo final de la lucha entre la justicia y el pecado.” CS, p.542
Bien, creo que estas dos citas revelan verdades claras. Aún en nuestros tiempos, Dios sigue insistiendo por “habitar en medio de nosotros”. Si, en tu ciudad, tu casa, tu vida. Para ello, debemos cada día transformarnos a la semejanza del carácter de Cristo, mismo que se refleja en cada mueble, rito y símbolo que existe en el tabernáculo. Hagamos un ejercicio. Miremos al tabernáculo como “la vida del cristiano”. Si lo vemos de esta manera, podemos entender que hay una puerta, esa peurta se llama Jesús, es la puerta de la salvación, como lo describe él mismo en Juan 10:9 “Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo”. Debemos aceptar a Jesús para acceder al trono de la gracia, y ese es el primer peldaño conquistado por el cristiano. Después, entramos al atrio. Ese gran espacio del tabernáculo que simboliza la justificación. Correcto, sigo siendo un pecador, pero estoy arrepentido, ¿qué puedo hacer? Aceptar el sacrificio de Cristo para salvación mía. En este espacio, se encontraba el altar del holocausto, donde se sacrificaba al cordero sin mancha por los pecados del israelita, y con el derramamiento de la sangre, eran perdonados él y su familia. ¿Te parece conocida la historia? ¡Si! Es el simbolismo de la muerte de Jesús por la humanidad El siguiente paso es, entregar la vida completa a Dios, y esto se hace por medio del bautismo, y seremos nuevas criaturas en su nombre. Hay una segunda sección en el Santuario, y se llama el lugar Santo. Aquí, podemos ver tres elementos que son fundamentales en la vida del cristiano: la menorah simboliza la testificación, la mesa de los panes de la proposición a la palabra de Dios y el altar del incienso la oración. Bien, estos tres elementos no pueden faltar en la vida de un cristiano genuino, ya que cada día quiere asemejar su carácter al de Cristo. No, nadie dijo que era una tarea fácil. Nadie dijo que cualquiera lo podía hacer, por eso la Biblia menciona que “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.” (Heb. 4:15). Así que podemos estar confiados en que Jesús será nuestro apoyo en las debilidades. La última sección del tabernáculo -y la más especial- es el lugar santísimo. Solamente una vez al año y exclusivamente el sumo sacerdote podía entrar a ese lugar donde la presencia de Dios llamada shekinah se encontraba -literalmente- en el tabernáculo. Esta sección la identificamos como la glorificación, que es el último proceso por el que el seguidor de Cristo atraviesa, es la extracción final del pecado de la vida del cristiano al final de los tiempos. Pablo describe que "en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados." (1 Cor. 15:52), esto significa que llegará un día en el que todo creyente fiel llegará a ser glorificado por los méritos de Jesús.
Ahora bien, colócate en medio de este gran plan, puedes notar que tú también estás involucrado en él, y que Dios ya ha dado demasiado de sí mismo por tu salvación. ¿Sigues creyendo que no formas parte de este magnífico plan?

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